De Monseñor Pierre Martin Ngô-dinh-Thuc
Prof. Dr. Diether Wendland
Considerándolo desde un punto de vista puramente humano, fue una pura
casualidad que Monseñor Thuc consagrara obispos justificadamente a los
dos sacerdotes mejicanos, e incluso que pudiera consagrarlos.
Especialmente Carmona era consciente de algún modo de que la vacancia
de la silla apostólica alcanzaba hasta Roncalli, y para él también era
claro que, en calidad de obispo, primero tenía que asumir la sucesión
del apostolado y emprender entre los católicos un movimiento de
reunificación para llevar a cabo una delimitación y hacer algo decisivo
contra el expansivo estado de diáspora y sus peligros. También se
"plantó" públicamente ante los "jerarcas" de la "Iglesia conciliar
romana" y los ha calificado de herejes y apóstatas peligrosos. Y en
Roma estaba sentado alguien -esto lo advirtieron los dos mejicanos con
suficiente claridad- que en su imaginación gozaba del privilegio de ser
el vértice (vertex) de Roncally más Montini, y innumerables clérigos y
seglares se postraban ante su "rostro resplandeciente". El diablo frenó
el verdadero propósito de Carmona: con un extraño accidente de tráfico,
en lugar de otros métodos mortales que también habrían sido posibles.
Desde el punto de vista eclesiológico, es de una significación menor
que Monseñor Thuc, como podía oírse de los tradicionalistas, no hubiera
firmado ni un único decreto del fatídico Vaticano II. Pues, en mi
opinión, él no lo había rechazado y luego abandonado públicamente, para
lo cual, después de todo, hubiera estado legítimamente capacitado. ¿Y
acaso no estaba también moralmente obligado a ello? Pero, al quedarse,
suscitó la impresión de ser un "partidario" de los modernistas que
actuaban abier-tamente. Sin embargo, por otro lado hay que saber, y
sobre todo tener en cuenta, que en esta época comenzó en Vietnam una
sucia guerra revolucionaria, y que el hermano de Monseñor Thuc, el
presidente de Vietnam del Sur, Ngô-dinh-Diem, fue asesinado a traición
en una revuelta revolucionaria (1963). El arzobispo Thuc apenas podría
haber regresado a Hué para continuar con su obra. En este sentido,
nadie debería permitirse formular un juicio de valoración sobre la
persona de este arzobispo.
(De: "Über das Papstum der Römischen Bischöfe, die Eigenart des
Apostolischen Stuhles und eine Kirche ohne Papst", capítulo 9: Das
Problem der "apostolischen Sukzession", nota 26) |